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- Caminar sin sombra: El legado de los que no buscaron la gloria
Siempre he sostenido una idea que me persigue cada vez que leo sobre el pasado: "Los grandes de la historia jamás supieron cuán grandes fueron". Esta frase no es solo una observación sobre el tiempo, sino una invitación a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la modestia. Me sugiere que aquellas personas que dejaron una huella imborrable en el mundo rara vez comprendieron el alcance total de sus acciones mientras estaban vivos. La trampa del presente He aprendido que la percepción del impacto de una persona cambia radicalmente con los años. Lo que hoy nos parece insignificante, puede convertirse en el motor de un cambio masivo décadas después. Esto me dice mucho sobre la humildad de los líderes y pensadores que realmente admiro: su enfoque no estaba en la gloria personal ni en cómo aparecerían en los libros de texto, sino en sus ideales o en la tarea urgente que tenían entre manos. Trabajaban para la obra, no para el aplauso. La visión que solo da el tiempo A menudo, solo con la perspectiva que ofrece el paso de los siglos, las generaciones futuras podemos ver la magnitud real de una contribución. El contexto histórico es como un rompecabezas: el que pone la pieza clave no puede ver la imagen completa porque todavía no ha terminado de formarse. Es una cura de humildad aceptar que el valor de lo que hacemos hoy probablemente solo se entienda cuando ya no estemos aquí para verlo. El rasgo esencial: El compromiso ciego Para mí, el hecho de que los grandes no fueran conscientes de su propia grandeza indica algo vital: su motivación era pura. Provenía de un compromiso genuino con una causa, con una verdad o con una necesidad humana, y no de un hambre de reconocimiento. Creo que este es el rasgo más admirable de las figuras que hoy respetamos: su grandeza residía en su capacidad de olvidarse de sí mismos para entregarse a algo más grande. Conclusión Este pensamiento me hace cuestionar cómo valoramos hoy el éxito. Nos recuerda que el impacto real de nuestras vidas no se mide en likes ni en menciones inmediatas, sino en el rastro que dejamos en el tiempo. La verdadera grandeza no se encuentra en la fama, sino en el carácter y en la dedicación silenciosa. Al final, quizás la mejor forma de ser "grande" sea, precisamente, no intentar serlo.
- Reflexiones de Viernes.
Hace algunos años, cuando escribí la frase: “Internet es como una pistola cargada en manos de un adolescente.” jamás imaginé que estaría tan vigente en la actualidad. De hecho, ya por aquellos años, en 2014, vislumbraba el peligro de herramientas como las redes sociales, el fácil acceso a la información y su divulgación, así como la creación de contenido de forma desmesurada. Comparaba internet con un arma cargada porque, en realidad, eso es lo que representa con sus diversas herramientas. Era un abanico enorme de posibilidades y oportunidades para aquellos que habían permanecido en la sombra, pero todos, ante algo tan novedoso y sin una educación ni regulación previa, nos convertíamos en adolescentes llenos de energía, deseo y sin control. Eso trajo consigo todos los problemas que vivimos quienes realmente queremos crear algo auténtico: el exceso de contenido plagiado, la obsesión por la fama y el dinero (el mundo superficial) ha opacado la calidad, la credibilidad y la autoría del mensaje que se quiere transmitir. Un ejemplo es el meme del chico que atribuye la autoría de Spiderman al videojuego Fortnite y no a sus creadores originales, Stan Lee y el artista Steve Ditko. Aunque parece gracioso, y creo que de hecho lo es, no es más que una clara advertencia del rumbo que va tomando la sociedad. Pasamos en poco tiempo del siglo de la información al de la desinformación. Sin contar con las campañas de acoso, gracias al anonimato de internet: ahora la gente ya no se esconde o utiliza falsas identidades para, de forma cruel y sin ética alguna, juzgar; en otras palabras, aprietan el gatillo según su estado de ánimo. Solo quienes hemos portado un arma sabemos que internet no es más que eso: un arma cargada, lista para disparar en cualquier momento, tanto para bien como para mal. Ahora, ¿qué podemos hacer al respecto? Abogar con mesura por leyes que regulen esta locura. Educar a las nuevas generaciones en el autoconocimiento y la singularidad, partiendo de que cada ser humano es único en su entorno. Y, sobre todo, inculcarles a los jóvenes que la vida no es más que un vals con el Karma.
- La crisis de la edad: ¿por qué queremos ser lo que no somos?
Un análisis del fenómeno social de la inconformidad con la propia edad y el deseo de imitar a otros grupos etarios, basado en la frase de Amir Obregon Vargas.



